Sincretismo para la Gestión de la Complejidad
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La visión de un nuevo espacio para crear

Posted by Fernando Legrand in Gestión de la Complejidad | Sustentabilidad

complejidad natural

Con este post estoy re-inaugurando este blog, que hace un par de años llevaba el mismo nombre, pero con distinto objetivo (además de haber sido abandonado en 2008).
El espíritu es el mismo: seguir la inspiración de las ideas que se pueden expresar en 17 sílabas, como un Haiku. Pero lo que será distinto será el prisma con el que miraré, porque desde aquí pretendo abordar algo nada sencillo: la Gestión de la Complejidad.
Este será el foco porque entiendo que como Humanidad estamos ingresando en una nueva fase, en la que para muchas personas y organizaciones, gestionar la complejidad será un imperativo que obligará a repensar las formas y modos de hacer las cosas.
De eso trata un poco la Responsabilidad Social y la Sustentabilidad, áreas en las que me he focalizado en los últimos 7 años y en las cuales sigo apostando por convencimiento.
Mientras escribo este post, estoy sentado en un avión de LAN, rumbo a Santiago de Chile (SCL) junto a una pareja de italianos a los que les he cedido mi asiento de ventanilla para que puedan admirar el cruce aéreo de Los Andes.

Y como las casi dos horas de vuelo se pueden aprovechar de distintas maneras, me puse a leer la revista de la areolínea, que me sirvió de inspiración para el título de este post y para la reflexión que les compartiré a continuación.
Jorge Benozzi, es un oftalmólogo argentino, oriundo de San Pedro, que un día tuvo una visión: ayudar con su conocimiento a potenciales miles de personas a mejorar su vista, y por ende, su calidad de vida.
Cuando comenzó a desarrollar el que ahora se conoce como “Método Benozzi”, no sabía que iba a tener éxito, pero de todos modos prosiguió. Fue un emprendedor, o como él mismo dice, alguien que fue “crítico con lo establecido”.
Lo que Benozzi logró con su investigación fue gestionar la complejidad de una situación física que afecta a miles (y seguramente millones) de personas para brindar una solución.
Para hacerlo puso en juego algo mucho más elevado que su conocimiento: sus valores y eso fue lo que le permitió lograrlo con éxito.
Otra persona que también me interesa seguir es el arquitecto Norman Foster. ¿Por qué? En primer lugar por su profesión. Quién sino un arquitecto para generar “espacios para crear” (además de “crear espacios”).
Pero particularmente me gusta Foster porque ha comprendido que para avanzar en su profesión y no quedarse relegado en viejas miradas, es necesario desprenderse de lo que se arrastra (lo que muchos llaman “desaprender para volver a aprender”) y sumar nuevas visiones que ayuden a limpiar y ver con claridad el horizonte en el que nos queremos ver reflejados.

En última instancia, de este se trata. Somos el resultado de lo que nos pensamos.

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