Convivencia en la redacción
Cora Cané es una de esas “eminencias” que aún sobreviven al avance tecnológico en los grandes diarios del país.
Trabaja en Clarín desde 1957, y cuenta algunos años más que los 63 que ayer cumplió “El gran diario argentino”.
Esta experta de la pluma está a cargo de la sección más antigua del matutino: Clarín Porteño, una suerte de “viñeta de texto” que sale al pie de la contratapa todos los días y que no tiene su correlato en el digital.
Ayer escribió una palabras… deliciosas, que ojalá muchos estudiantes de periodismo de hoy puedan leer. Porque hoy no es común tener “un maestro”, alguien que te guíe en esta aventura de contar lo que pasa en el ámbito que elijas.
Al pensar este post recordé que la primera vez que entré en una redacción fue en 1995, cuando hice un curso de periodismo de la municipalidad y Silvia Torres nos llevó a La Prensa, en la calle Azopardo. Eramos apenas dos alumnos.
Luego conocí Clarín, La Nación, La República de San Luis, Pregón de Jujuy y no sé si me olvido algún otro. Pero el haber tenido desde los 9 años un amigo cuyo padre era redactor de La Nación fue la mejor experiencia: de allí mamé mucho.
Volviendo a Cora Cané, algunos imperdibles de su Clarín Porteño de ayer:
Desde la primera redacción del diario, en Moreno 840, hasta este fabuloso crecimiento de la tecnología informática, todo cambió, todo se renovó, con sofisticadas técnicas, sistemas, ideas.
Ya no se oye más el teclado de las máquinas de escribir, ya no existe el bullicio y la bohemia bien entendida de la vieja redacción.Hoy, conmovida, me maravilla el fantástico crecimiento tecnológico y admiro a la generación juvenil de avanzada.
Palabras de una “escriba”, como gusta llamarse a sí misma.