El famoso “modelo chileno” para Argentina
Es Desarrollo
Modelo de País
para Argentina

Desde que la Argentina cayó en desgracia [me refiero a diciembre de 2001 no a la llegada de los Kirchner en 2003] que venimos escuchando frases como “tenemos que seguir el ejemplo de Chile”, porque “Chile aquello”, “Chile esto”.
Casi que para comprobarlo, este fin de semana que pasó me fui a cumplir años al otro lado de la Coordillera y a hacer algunas entrevista para RSE Online.
Estuve con un viejo amigo chileno de la secundaria, Pablo, con quien compartí en la escuela un año y medio de vida y amistad, cuando su padre era Embajador de Chile en Argentina. Luego él se volvió y hasta este domingo, tras 12 años, nos volvimos a encontrar.
Pablo me dio un panorama muy rápido durante una cena que compartimos en el Restaurante Bavaria, de Providencia.
Lógicamente hablamos de la situación Argentina y de los precios en general de ambos países. En Chile todo es precio dólar y también una pisca más.
La economía está prácticamenta liberalizada. Lo único que me faltó traerme es el dato de cuánto gana en promedio un chileno para poder trazar otro panorama mental.
Cuando hablamos del campo, salió el tema de la autoridad de los gobiernos.
Personalmente no me gustaría vivir en Chile. Estuve apenas 50 horas y me sentí oprimido, o mejor dicho, autocensurado. Ni siquiera me imagino ejerciendo mi profesión libremente allí.
En Argentina, siento una gran libertad, pero también esa opresión. De un modo distinto, porque no la siento del conjunto, sino de un sector o un grupo de gobierno.
Así y todo, soy de los que piensan que las rutas deben ser de libre circulación y que cualquiera (sea piquetero o agricultor) no tiene derecho a cortarlas porque sí.
Lo que pasa en Argentina es que el gobierno de Cristina Fernández no tiene autoridad moral para despejar una ruta, como sí la tiene el de José Luis Rodríguez Zapatero. Cristina Fernández no pudo despejar la ruta con Gendarmería el primer día de conflicto porque sabía que estaba aplicando un régimen inconstitucional. Si el Gobierno tuviera la razón, nadie se hubiera quejado por ver sacar de los pelos a los que cortan una ruta y ponen en riesgo el abastecimiento de la población.
Pero la Ley debe ser pareja para todos, si hoy sacamos a los ganaderos, mañana sacamos a los que reclaman mejoras sociales e inclusión. Es un tema ciertamente difícil.
El modelo chileno, me permitió ver su funcionamiento este lunes, antes de volver a Buenos Aires.
Pasé por La Moneda, para verla de día. Sus jardines estaban llenos de avioncitos de papel contra la Ley General de Educación. Las Universidades estaban casi todas tomadas y yo iba sacando las últimas postales de una ciudad que, en líneas generales, me gustó.
En eso, una pequeña protesta quería entrar en un edificio que estaba a 20 metros del palacio presidencial. Había 3 carabineros conteniendo y tratando de imponerse ante 10 manifestantes con una pancarta y un altoparlante.
En eso saco la foto, un carabinero me mira. Me inquieta. Me doy vuelta para seguir caminando y viene una camioneta llena de carabineros antidisturbios. Todo por 10 personas.

Estuve un rato en La Moneda, quise pasar pero como podía ser “un manifestante” no me lo permitieron. Pasé por el museo subterráneo que inauguró Ricardo Lagos, di la vuelta otra vez por lo jardines y crucé el boulevard O’Higgins para caminar por su senda central.
A 100 metros de los primeros incidentes, policía montada.

Realmente me pareció demasiado. Dicen que “en los países serios” esto es así, nadie se queja y a casi todos les parece bien.
Personalmente creo dos cosas: 1) para todo existe un justo medio; y 2) quiero que Argentina sea “un país serio” pero no a costa de este tipo de cosas.
Así que cuando nos hablen del “modelo chileno” sepamos que está bueno, pero siempre y cuando sea adaptable a la vida de los argentinos, porque de lo contrario se transformaría en una profunda herida para la sociedad.
Junio 27th, 2008 at 10:08 am
[…] dos semanas viajé a Chile, y como tuve que salir temprano para el Aeropuerto no llegué a tomar un café en mi casa. Tras […]